(1778-1850). La más grande figura militar argentina. Libertador de su patria, Chile y Perú. A los cinco años de edad sus padres lo llevaron a España donde realizó sus estudios. El 21/7/1789 fue designado, a su pedido, cadete del Regimiento de Infantería de Murcia. Tuvo su bautismo de fuego en el sitio de Oran (África) cuando apenas contaba quince años de vida, iniciando así una carrera militar que lo convertiría en procer y en uno de los más reputados hombres de armas de América. Al producirse la guerra napoleónica en la península ibérica, San Martín combatió en España y en Portugal contra las tropas francesas, distinguiéndose en numerosos encuentros y ganando sucesivos ascensos. Se destacó particularmente en el combate de la Posta de Arjonilla, en Andújar y en la batalla de Bailen, donde “contribuye al triunfo español con sus hábiles maniobras”, por lo que fue felicitado por su jefe, el marqués de Coupigny, ascendido a teniente coronel y condecorado con la medalla de oro de los Héroes de Bailen. El general Francisco Javier Castaños (1758-1852), que era masón, fue héroe de esa batalla. El 16/5/1811 San Martín tomó parte en la batalla de Albuera, en la cual las fuerzas combinadas anglo-hispano-lusitanas. bajo el mando del general William Carr Beresford (el jefe británico que cinco años atrás había sido batido por la población en Buenos Aires), denotaron a las tropas francesas. Luego San Martín pasó a revistar en el Regimiento de Sagunto hasta el 6/9/1811, en que solicitó su baja del ejército español, que se le concedió el 12/9/ 1811, y una autorización para trasladarse a la ciudad de Lima “con objeto de arreglar sus intereses abandonados”. Por cierto que se trasladó a Lima, pero diez años más tarde, en calidad de Libertador y para atender los intereses de América, que siempre consideró como propios.
Esta fecha marca una nítida línea divisoria en la vida de San Martín y define el comienzo de su esplendorosa marcha libertadora que lo hizo llevar la bandera de la emancipación desde las márgenes del Plata hasta Chile. Perú y Ecuador.
A principios de 1808, en fecha aún no precisada, siendo San Martín edecán del general Francisco María Solano, marqués del Socorro, capitán general de Andalucía, fue iniciado masón en la Logia Integridad N° 7 de Cádiz, Logia masónica de la que el marqués era el Venerable Maestro. Posteriormente se afilió a la Logia Caballeros Racionales N° 3 de la precitada ciudad y en dicha Logia masónica recibió el tercer grado de la masonería simbólica, o sea el de Maestro Masón, el 6 de mayo de 1808.
Ahí fue donde conoció a varios de los futuros promotores de la independencia americana. Después del asesinato del general Solano en manos de una exaltada multitud, el día 24 de ese mes de mayo, San Martín, de incógnito, se ausentó a Sevilla, desconociéndose con exactitud las demás actividades masónicas que desarrolló en la península. Arribó a la capital británica, donde permaneció cuatro meses, participó en octubre de 1811 de la fundación de la Logia Caballeros Racionales N° 7, de Londres. En esa ciudad fue acogido fraternalmente por uno de los más prominentes miembros de la Masonería londinense, el conde de Fife, quien arregló asimismo los pormenores de su viaje a Buenos Aires.
De este modo, San Martín llegó a bordo de la fragata. “George Canning”, junto con los oficiales Alvear, Zapiola. Holmberg, Chilavert, Vera Arellano y otros, todos ellos iniciados en Europa en distintas Logias masónicas. Ya en Buenos Aires los viajeros se pusieron en contacdo con el doctor Julián B. Álvarez, Venerable Maestro de la Logia Independencia, quien los orientó en sus primeros pasos introduciéndoles en la sociedad porteña y facilitandoles los elementos que los ayudarían en la formación de la Logia Lautaro, cuyo primer V. Maestro fue Alvear.
El 16/3/1812 el Triunvirato confió a San Martin la organización de un regimiento de caballería que sería el germen de donde surgió posteriormente el glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo, con el cual once meses después San Martín libró su primer combate en tierra americana: San Lorenzo, Es interesante hacer constar aquí que nueve décadas más tarde, en ese mismo lugar y un mismo 3 de febrero, se fundó la Logia General San Martín N° 186 para honrar la memoria del procer y aquel histórico hecho de armas. La marcha de San Lorenzo fue compuesta por un masón, el Maestro Cayetano Silva, mientras que la letra la compuso el profesor Carlos Binielli, también masón.
Después de organizar el Ejército del Norte y coordinar con Güemes la defensa de aquella región contra cualquier intento de invasión proveniente del Alto Perú, San Martín marchó a Córdoba, donde reunió un grupo de patriotas para iniciarlos en la Masonería, confiándoles sus proyectos de liberación de Chile. El 24 de mayo de 1814, según el acta existente, quedó constituida la Logia Lautarina de Córdoba. El 6/9/1814 San Martín se hace cargo de sus nuevas funciones de intendente de Cuyo dedicándose con ahínco a organizar un gran ejército, al mismo tiempo que surge la Lautarina mendocina. Ante la indecisión de las autoridades de Buenos Aires, los miembros de las Logias Lautarinas, bajo la inspiración de San Martín y de Belgrano, presionaron para que se convocase a un Congreso, que fue el mismo que el 9 de julio de 1816 proclamó en Tucumán la independencia y nombró a Pueyrredón como Director Supremo. Este y San Martín se entrevistaron poco después en Córdoba para ponerse de acuerdo sobre los planes de la inminente misión libertadora. Como resultado de esas conversaciones, San Martín fue designado general en jefe del Ejército de los Andes por decreto del 1/8/1816. Casi al mismo tiempo fundaba la Logia del Ejército de los Andes y asumía el cargo de V. Maestro, en cuyo seno serían iniciados muchos destacados jefes y oficiales de dicho ejército.
El 19/1/1817 las tropas libertadoras emprendieron el cruce de los Andes y en los llanos de Chacabuco obtuvieron el 12 de febrero la resonante victoria que libertaría la capital chilena en la cual dos días despues San Martin hizo su entrada triunfal. El parte de esta batalla firmado por el libertador, no lleva la rúbrica habitual de este, sino la que utilizaba en los documentos masónicos. A fines de marzo vino a Buenos Aires en secreto para tratar con Pueyrredón y la Lautarina porteña sus nuevos planes para Independizar al Perú. De regreso a Chile, batió totalmente, el 5/4/1818, a las fuerzas españolas afianzando definitivamente la libertad de ese país.
El 28 de enero de 1819 las autoridades chilenas lo nombraron general en jefe del Ejército Libertador del Perú, para donde partió desde Valparaíso, el 20/8/1820, desembarcando en playas peruanas el 8 de setiembre. El 10 de julio de1821 entró en Lima. Cinco días después, el Cabildo limeño proclamó que “la voluntad general se había decidido por la independencia del Perú de la dominación española y de cualquiera otra extranjera”. El 28 de julio fue jurada la independencia nacional y el 2 de agosto San Martín, proclamado Protector del Perú, asumió el mando supremo y sancionó una serie de disposiciones que afianzaron la libertad. Entre éstas figura la liquidación de la Inquisición, mandando el 8/2/1822 que los bienes del terrorífico tribunal fuesen destinados para el aumento y la conservación de la Biblioteca de Lima, institución que, según palabras textuales del Libertador, “es tan luctuosa a los tiranos como plausible a los amantes de ia libertad”. El 2/4/1822 dictó un decreto prohibiendo la venta y extracción de las riquezas históricas y artísticas del Perú, primera disposición de esa índole dictada en América latina. Ese mismo año fundó la Logia Paz y Perfecta Unión de la ciudad de Lima que, más que centenaria en la actualidad, prosigue su labor masónica bajo el N° 1 en el registro de la Gran Logia del Perú. Por su parte, un grupo de patriotas peruanos, encabezados por José Faustino Sánchez Gorrión, fundaron la Logia Orden y Libertad, que trabaja con el N° 2 en el mismo registro.
Con la rendición de la fortaleza del Callao quedó afianzada la libertad peruana. Mientras tanto, los ecuatorianos habían proclamado su independencia, pero era necesario fortalecerla, para lo cual los patriotas guayaquileños enviaron al Perú a Jose M. Villamil para que estableciese contacto con San Martín. Éste le impartió instrucciones y comisionó a los generales Guido, Luzuriaga y Espejo para representarlo en Guayaquil, Estos enviados se incorporaron a la Logia Estrella de aquella ciudad, que preparó la histórica entrevista que más tarde sostuvo con Bolívar el 27 de julio de 1822. San Martín, en magnífico rasgo de desinterés, cedió a Bolívar el honor de poner fin a la guerra de la independencia: pero el destino quiso que fuera otro masón, el general Antonio José de Sucre, quien obtuviera la victoria definitiva en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. recibiendo por tal motivo el honroso título de Gran Mariscal de Ayacucho.
Instalado el Congreso Constituyente del Perú el 20/9/1822, que otorgó a San Martín los títulos de Fundador de la Libertad del Perú y Generalísimo de las Armas Peruanas, éste se despojó del mando supremo que había ejercido hasta entonces con el título de Protector y abandonó aquel país para radicarse por un tiempo en su propiedad en la provincia de Mendoza. El 10 de febrero de 1824 se embarcó para Londres.
Durante su permanencia en Londres mantuvo conversaciones con Rivadavia, reanudando la entrevista de Buenos Aires de comienzos de 1824, que menciona Forbes. Pasó una temporada en el castillo de su amigo y hermano en Masonería, el conde de Fife, en la localidad de Banff, Escocia, donde San Martín frecuentó las Logias San Andrés N° 52 y San Juan Operativo N° 92, ambas pertenecientes a la jurisdicción de la Gran Logia de Escocia. El conde de Fife, hasta 1848, fue Gran Maestre de la Gran Logia Provincial de Banffshire. jurisdiccionada a la Gran Logia de Escocia. En ese mismo cargo lo sucedieron otros dos miembros de su familia: Jaime 5° conde de Fife, Gran Maestre Provincial de 1848 a 1881, y Alejandro 6° conde de Fife y primer duque de Fife, gran Maestre Provincial de 1881 a 1891.
Abandonó después San Martín las Islas Británicas trasladándose a Bruselas, donde se incorporó a la Logia La Perfecta Amistad de esa ciudad, que dependía del Gran Oriente de los Países Bajos. En esa época los patriotas belgas gestionaban su independencia de la corona de Holanda. Por ese motivo el 5/9/1830, por intermedio del barón de Wellem, burgomaestre de Bruselas, ofrecieron a San Martín el mando de las tropas, ofrecimiento que éste rechazó en una carta altamente emotiva, en la cual señalaba que, si bien siempre estuvo del lado de las libertades de los pueblos, “al retirarme de la contienda americana juré no desenvainar la espada si no lo requería así la libertad de mi patria”. Sin embargo, recomendó a otro masón, el general van Halem. En honor de San Martín la Logia mencionada mandó acuñar una medalla de plata cuyo facsímil existe en poder de la Masonería Argentina. Además, el Capítulo Rosa Cruz Los Amigos Filántropos de Bruselas hizo confeccionar otra similar que se encuentra en el Museo Mitre de la ciudad de Buenos Aires. Cabe destacar que dichas medallas (comprobadamente auténticas) tienen la peculiaridad de representar al Libertador de perfil y son debidas a un distinguido artista europeo, Jean Henri Simón, quien era masón, y para quien San Martín posó especialmente. Si grande es su valor desde el punto de vista masónico, no menos lo es desde el punto de vista iconográfico, ya que, como dijimos, es el único perfil auténtico que se conoce del Libertador.
Al radicarse en Francia, San Martín se encontró con Alejandro Aguado, marqués de las Marismas, a quien hacía largos años que no veía y hacia quien guardaba una fraternal amistad por haber pertenecido ambos a la Logia Integridad de Cádiz. Aguado invitó a San Martín a residir cerca de él, en el Bourg, próximo a París. Así es como figuran las firmas de ambos como participantes en las reuniones masónicas de la Logia de Evry, de la que era Venerable Maestro el médico particular de Aguado y de la Casa Real, doctor Rayer, quien, con el tiempo, llegó a ser decano de la Facultad de Medicina de París, miembro del Instituto y presidente de la Sociedad de Biología. Un tiempo después, San Martín fallecía en Boulogne-sur-Mer, a donde se había trasladado en busca de alivio para su quebrantada salud. El deceso ocurrió el 17 de agosto de 1850.
Los apasionados acontecimientos políticos americanos habían hecho olvidar la figura de San Martín, pero había de ser un eminente masón -Domingo Faustino Sarmiento- quien reivindicaría la gloria del Libertador con sus publicaciones aparecidas en Chile, primero, y, más tarde, en Buenos Aires. Al constituirse en esta ciudad la Logia Unión del Plata, en 1855, Sarmiento y Santiago R. Albarracín fueron comisionados por el taller masónico citado para emprender los trabajos tendientes a erigir una estatua en honor del Libertador. Estos trabajos tuvieron su coronación al celebrarse la ceremonia inaugural el 13 de julio de 1862, ocasión en que hicieron uso de la palabra el gobernador de la provincia encargado del Poder Ejecutivo Nacional, general Bartolomé Mitre; el general Enrique Martínez, en representación del Ejército; el general Tomás Guido, que fue colaborador y amigo íntimo de San Martín, y el general Lucio Mansilla, comandante de la Guardia de Veteranos, todos ellos masones. El acta correspondiente fue labrada por el escribano Adolfo Saldías (p), también masón, y suscrita por los siguientes hermanos masones: Bartolomé Mitre, Santiago R. Albarracín, Eduardo Costa, Juan Andrés Gelly y Obes. José Matías Zapiola, Lucio Mansilla, Enrique Martínez y Manuel H. Aguirre.
Una vez dado este primer paso, los masones argentinos propiciaron la repatriación de los restos del libertador presentando en tal sentido un proyecto de ley a la Cámara de Diputados de la Nación los legisladores Adolfo Alsina y Martín Ruiz Moreno, que oportunamente recibió sanción. Pero la guerra con el Paraguay impidió concretar el traslado hasta 1880, y como el proyecto inicial no previo un lugar determinado para que fueran depositados los restos del ilustre soldado -ya que la idea que había prevalecido era ponerlos bajo la custodia de la ciudad que fuese erigida en capital de la República-, la comisión que tenía a su cargo esta patriótica labor pensó colocarlos provisionalmente en la Catedral de Buenos Aires. Entonces la Iglesia planteó un grave problema, puesto que las autoridades eclesiásticas basábanse en el hecho de que los cánones apostólicos romanos prohiben depositar los restos de un masón en un lugar consagrado, y Mitre había decretado la secularización de los cementerios únicamente. Después de muchas deliberaciones, gestiones y consultas, la Iglesia encontró la solución admitiendo la construcción de un mausoleo junto al edificio de la Catedral, es decir, fuera del recinto o cuadrilátero consagrado, para que se guardasen los restos del más grande de los argentinos, por ser un masón. Pero esto no fue todo: las autoridades eclesiásticas no estaban conformes y colocaron el ataúd con la parte superior inclinada hacia abajo, con lo cual se aludía a la premisa de que los que mueren fuera del seno de la Iglesia van al infierno, que, según ella, se encuentra en las entrañas de la Tierra.
Sólo dos décadas después la Iglesia cambió de actitud, comenzando a rendir tributos a San Martín. Coincidentemente, a partir de 1903 y a título de ser la iglesia Catedral el santuario donde se guardaban los restos del Libertador, fueron sancionándose leyes y dictándose decretos que concedían créditos para reparaciones, refacciones, etc., que la autoridad eclesiástica había de efectuar en su sede central. Algo similar ocurriría con Sarmiento, es decir, que la Iglesia rectificó su primitivo criterio capitalizando la memoria del eminente maestro de las juventudes argentinas y rindiéndole imponentes honores eclesiásticos, tanto en el centenario de su nacimiento como en el cincuentenario de su fallecimiento.
La Masonería Argentina ha considerado a San Martín como uno de sus más prestigiosos miembros y exalta su figura como paradigma de la virtud y del desprendimiento. Bajo la jurisdicción de la Gran Logia de la Argentina funcionan en la actualidad las Logias Lautaro N° 167 de la Capital Federal y Lautaro de Mendoza N° 368, así como las Logias General San Martín N° 186, fundada inicialmente en San Lorenzo, pero que actualmente trabaja en la ciudad de Rosario, General San Martín N° 57 de Bragado, General San Martín N° 272 de Bahía Blanca y General San Martín N° 384 de Lanús. Bajo la jurisdicción del Supremo Consejo grado 33° para la R. Argentina funciona el Capítulo Rosa Cruz General San Martín N° 8 y el Capítulo Rosa Cruz Gran Reunión Americana N° 17. Con el nombre “General San Martín” trabajan varios otros talleres masónicos en otras partes de América. Es interesante recordar también una curiosa faceta de la personalidad de San Martín: que alguna vez entretuvo sus ocios ejercitándose en el arte de la acuarela.





